Apareciste allí, como otro más de tus hermanos desaparecidos, enorme, desafiante, orondoy rubicundo, frente al espejo, como una pesadilla recurrente y cíclica.
Me abochornaste de nuevo, me transportaste a un pasado adolescente, te personaste en mi vida, en el momento que menos te necesitaba.
Te quise aplastar, en un delirio de violencia irracional y antihigiénica y ... ahora, que poco a poco tu vida languidece y declina en un flamigero atardecer, pienso, siento que quizás, te eche de menos, siento lástima por tí, ahora tan pequeño, tan menguante, tan indefenso...
Adiós.