
El otoño, como a casi todos los románticos, me producía sensaciones ambivalentes: primero se me antojaba una enorme cuesta resbaladiza, fría y escarpada, donde iba dejando a jirones desgarrados, trozos deformes de mi corazón sombrío.
Hoy gracias a ti, sólo a ti, me despierto sumergido en mis sueños, paseando entre bosques de hoja caducifolia, mientras una brisa alegre y perfumada, me acaricia la cara, me extasío con sus colores decadentes en infinitas variantes de lilas, rojizos y anarajados, de lo que acabo deduciendo, que quizás no esté todo perdido, sino que todo está ganado, en un vano intento de reconciliarme con la vida... una vida de la que antaño, quisiera escapar y a la que ahora, sin lugar a dudas, pretendo dominar, surfeando sobre los días, devorando sus minutos, con cava, fresas y nata, despertando a tu lado...