Llegué hasta ti arrastrando la armadura oxidada de mi corazón, ese extraño artílugio, que nos bombea la vida líquida caprichosamente hacia el alma…
Llegué arrastrandome, sobre la tierra seca, cuarterada, con la lengua hinchada, negra,
Los labios resecos, cortados…
Los ojos hundidos, deshidratado de amor…
Y bebí tu agua fresca..
El agua fresca de tus manos…
De tu piel blanca.
De tu boca con forma de corazón alado.
De tus dulces de azucar… aderezados en rosa.
Y bebí
Tu agua fresca,
Tu agua dulce,
Clara
pura,
Transparente,
Y sorbí, desesperadamente…
El agua fresca de tus labios,
de tus manos,
de tu piel blanca…
reflejando la luz recien nacida de la mañana..
Y creció de nuevo
Irrumpiendo salvajemente por mis arterias
la pasión desbocada
y al oir de nuevo tu voz…se
Apaciguó… y la hoguera devino tantrica pasión controlada…
Subiendo ligera, entre la enredadera verde esmeralda de la ilusión…
Y desde tu boca a mi boca, se coló un pequeño buda y nos besó en las mejillas,
Y me inundó la nieve original de las montañas tibetanas,
Y la luz blanca nos hizo suya fundiendonos en uno, con solo uno de sus inmaculados haces.
Y me convirtió en un niño,
Jugando entre las nubes,
Blancas, cálidas
y acogedoras…
y de nuevo hecho hombre beso tus labios de vértigo,
beso tus labios perfectos, simétricos, sonrientes, curvilínios.
Y repasamos en la pizarra de la vida,
la bisectriz del triángulo isósceles,
y el radio de la circunferencia
y el círculo
doble.