
Ha habido films que se me han quedado grabados para siempre en la memoria, uno de ellos fué el de la mosca... la historia inaudíta e increible de aquél científico que intentó teletransportarse a través de una extraña máquina, y mira por donde, una diminuta mosca le arruinó el invento.
Esa mosca la mosca teletransportada -a medias con el científico- es el paradigma de lo que muchos todavía denominan la mosca cojonera, la mosca tocahuevos, cuya única misión en la vida parece ser la de incordiar, molestar a los demás, acercarse a la cara sudorosa con un molesto zumbido y hacer más ingrato todavía los calores extremos de la canícula mediterranea.
Sin embargo, existen seres cuya existencia y función en esta vida, resulta también del todo enervante e inútil, unos individuos e individuas de naturaleza obsesiva, frustrados, manipuladores, envidiosos, malignos, celosos, inmaduros cuya actuación represora y negativa suele ser muchísimo más deplorable que la acción de un simple insecto alado.
La mosca -pobrecilla ella- es un ser descerebrado y sin alma, un animal situado en los últimos escalones de la reencarnación espiritual, y sólo por ello debemos perdonarla y ser compasivos con ella.
Más que con algunos seres humanos.
Por ello he ahí mi homenaje carnavalero a la mosca común Mosca común (Muscidae)... y sobre todo a la Calliphora vomitoria (Calliphoridae) o la Lucilia sp. (Calliphoridae) de espalda verde brillante, que aún se encuentran peor situada en el escalafón social de las moscas, porque - hasta en las moscas hay clases.
Toni Lázaro