
La montura yacía sin alma, sobre el polvo del desierto. El último cruzado, contemplaba el atardecer magenta, aguantando un dolor más. El hiriente dolor punzante en el pecho y en el cuello... le recordaban un infierno muy cercano.
Su vieja armadura oxidada, quedó semioculta bajo la arena...
Miró a lo lejos... y vió el increíble faro de ensueño. Allí tan lejos del mar.. en mitad de la nada y del olvido, en medio de la sinrazón y de lo absurdo.
Sonrió y siguió caminando para no sentirse muerto.