Se acabaron las vacaciones para los que tuvimos la suerte de poder disfrutarlas y sobretodo la inabarcable dicha de volver.
Pasaron los días a diferentes velocidades, sin un objectivo claro, ni un sitio concreto al que llegar.
Lo importante fué una vez más el camino, que me cubrió, en el paso de los días, con una nueva capa de vejez, me hizo unos días más viejo sí, pero también unos días más sabio, desgastó mis huesos un poco más pero me lleno de nuevo de vida.
Llegar, a ningún sitio. Volver a una rutina que nunca será rutina, ya que renazco día a día paseando a tu lado, hacia la rosada luz del atardecer.