
En japonés 名人
maestro, gran experto, hombre
afamado.
Por eso el gran respeto que se les profesa.
Pero lo curioso es que en castellano:
Un maestro, (del lat. magister, -tri), en sentido general, es una persona a la que se le reconoce una habilidad extraordinaria en una determinada área del saber, con capacidad de enseñar y compartir sus conocimientos con otras personas, denominadas discípulos o aprendices.
Efectivamente, las connotaciones y las coincidencias de significados son evidentes.
Sin embargo la respuesta social no es la misma, en Japón y en España.
Durante años en nuestro desmenbrado e invertebrado país (¿España?) se les ha ido dorando la píldora a los maestros, en anuncios, en revistas financiadas por el ministerio de educación o por el departamento autónomico correspondiente. Se les ha atribuido la responsabilidad y el deber de solucionar casi todos los problemas de una sociedad en decadencia (integración de los inmigrantes, educación vial, educación por la salud, prevención antidroga, alimentación, educación cívica, valores democráticos) y sin embargo, los mismos que les encargaron tan magnas empresas precisamente no predicaron con el ejemplo y cuando llegaron las vacas flacas no tardaron en recortarles el sueldo un 5 por ciento sabiendo que se trataba de un colectivo pacífico dialogante y disciplinado.
Ese es el prototípo de hombre y mujer del futuro, el pacífico, el tolerante, el de la tolerancia cero, para todo aquello que se requiera y se establezca como intolerado.
Así nuestros amigos los lideres del país, algunos alcaldes, algunos dirigentes todavía mejor situados, podrán hacer y deshacer a sus anchas, prevaricar, corromper, cobrar, especular, recalificar, enchufar, mentir, viajar, invertir, situarse, a costa de sus mentiras.