La canícula por fin asomó sus narices sudorosas por la intimidad empapada de nuestros cuerpos brillantes y deseosos de libertad y de acción y como siempre llegó acompañada de calor, bochorno, desplazamientos, cambios de rutina, guiris que vienen, españolitos que se van, gentes varias en aparente desorden que cambian sus rutinas diarias por otras nuevas esclavitudes, políticos que se despiden y otros que si alguna vez trabajaron, ahora trabajaran un poco menos.
La locura veraniega, la escasez téxtil se mezclará multicolor junto a la arena y las olas espumosas. Las cámaras y los más extraños tocados y protectores para la testa se pasearán por los pueblecitos más perdidos de nuestro sagrado y ancestral territorio patrio.
Por fin unos cuantos afortunados conseguirán ese trabajo que tanto deseaban, aunque pronto advertirán su naturaleza fugaz y precaria, y otros, pocos, derrocharan sus euros visitando paises exóticos o ciudades de moda... demostrando que la crisis no afecta a todos por igual y que en nuestra sociedad la mitad del país vive de la otra, por activa o por pasiva, legal o ilegalmente, explotando, robando, quizás simplemente poniendo la mano o tal vez ganandoselo a pulso cada día con imaginación y esfuerzo...
Mientras algunos, cada vez menos, se indignan, por la estrechez de su futuro, en un país cada vez cubierto de la polvareda mediática y el olor y las cortinas de humo del chiringuito playero.
Disfruten del circo veraniego.
Toni Lázaro